
¿Cómo reconocer una alteración en la ATM?
En la actualidad no existe un único examen que sirva para diagnosticar estos trastornos. Generalmente es un conjunto de acciones lo que posibilita detectarlos partiendo por los síntomas asociados que el paciente debe aprender a reconocer. Hay que saber que son bastante normales las dolencias o molestias en esta zona, por lo que sólo si son agudas y crónicas posiblemente implican trastorno.
Los síntomas asociados son:
- Sensibilidad en la mandíbula.
- Movimiento limitado de la mandíbula.
- Disco de cartílagos en posición anormal que se evidencia en ruidos al abrir y cerrar la boca.
- Dificultad para masticar o abrir la boca.
- Disminución en la capacidad de abrir o cerrar la boca.
- Dolor por separado o en conjunto en la cara, cuello, hombros, de cabeza y oídos (en la articulación ubicada en frente de la oreja).
- Mareos y problemas de audición.
El odontólogo debe complementar el relato del paciente con un examen físico de cara y mandíbula, sus músculos y articulaciones, en busca de dolor, ruidos y limitaciones de movimientos y la revisión de los antecedentes dentales de la persona. En ocasiones el profesional puede complementar el diagnóstico con la utilización de radiografías dentales, transcraneales, artrografías, imágenes por resonancia magnética y tomografías axiales computarizadas.
Tratamientos mínimamente invasivos: los más recomendados
Los especialistas recomiendan que los tratamientos de estos trastornos sean lo menos invasivos posibles, pues cualquier intervención quirúrgica, por ejemplo, produce alteraciones irreversibles en la zona, corriéndose el riesgo de generar un problema generalizado, doloroso y estable que no existía.
Los odontólogos explican que lo primero que se debe hacer es darle masajes a los diversos músculos que están involucrados para intentar aliviar el dolor. Hay que revisar los de la zona de la cara, hombros y parte posterior del cuello en busca de tensiones y posibles problemas que generen alteraciones en la ATM. Se debe presionar sobre los puntos para encontrar las zonas más dolorosas y aplicar masajes cortos, lentos y fuertes. Se deben repetir varias veces al día hasta que la dolencia haya desaparecido. Ideal es mantener una rutina de técnicas de relajación para aplicar en forma habitual.
Si el dolor es en los músculos maseteros, aquellos que se ubican a cada lado de la mandíbula, se debe introducir el pulgar dentro de la mejilla, ubicarlos y masajearlos (se encuentran al fondo y son gruesos).
Si se pasa mucho tiempo en un módulo de trabajo al frente de un computador se debe procurar mantener una buena postura que implica una columna recta y el cuello y cabeza alineados con los hombros. Lo mismo para las actividades de ver televisión y leer. Se recomiendan tomar descansos por intervalos para cambiar la postura.
En lo posible evitar consumir alimentos duros que sobre fuercen los músculos y tendones de la zona.
También es recomendable la aplicación de compresas calientes o frías en la zona afectada.
Si el trastorno es producido por el apretar y rechinar de los dientes, fenómeno llamado bruxismo, el profesional recomendará la utilización de protectores bucales. Su efectividad está determinada por las características específicas de cada caso. El efecto que producen estos aparatos es mantener la mandíbula en una posición más relajada e inhibir la presión sobre los dientes y su rechinamiento.
Otras opciones de tratamiento implican el uso de aparatos de ortodoncia (frenillos) para alinear en forma correcta los dientes y la utilización de antiinflamatorios no esteroides (AINES) cuando existe inflamación de la mandíbula producto de una artritis. Tampoco de debe descartar buscar ayuda para tratar o controlar el estrés, que además de provocar bruxismo, produce alteraciones a todo nivel. |